El Perro
abre la puerta del sótano
Ella es más
renegrida y nítida que la oscuridad
Respira
tensa como una tormenta al llegar
Sonríe y
destroza los malos momentos de toda la vida
Sus
intenciones flotan como la bruma de una mar amenazante
El Perro
dice que ella le arrancó la camisa al destino
Le clavó las
uñas a la altura de las costillas
Lo dejó
sangrando para decidir qué carajo hacer
En los
próximo minutos
En el
amanecer del próximo día
En la
incertidumbre del otoño que viene
La
incertidumbre es como un látigo
Que suena
mejor en la espalda del dolor
La
incertidumbre es una herida que no deja de supurar
Es un viento
que tira arena en los ojos
Pero ella
sin lágrimas ni cicatrices dejó al destino a un lado
Lo ató de
pies y mano y lo tiró a un costado
Como quien
arroja a un cadáver político fuera de la televisión
Como quien
pisa un reloj con la hora señalada
Con el
destino en la cuneta como una serpiente muerta
El Perro y
Ella inundan la oscuridad
Arrastrando
sus manos sobre el sudor
Hundiendo
sus patas en la miel
Frotándose
con brazos y lenguas que le salen por todos los costados
Clavados el
uno contra el otro sin tiempo
Amarrados a
un presente continuo.
