La piedra
del escándalo, una estrella fugaz en celo, o un alma excitada en caída libre
desde el cielo, en medio de la ruta… La radio del remisse transmite un programa de la FM local.
El locutor –que a juzgar por su voz es un tipo muy joven- dedica cada tema a una
mujer distinta. Todas las canciones son especies de exitosas baladas de rock
pop internacional de la década del 70. A veces pone al aire a alguna oyente
sugiriéndole el nombre de su canción preferida, que a la vez le tira onda al
presentador. Conozco al locutor, es muy joven y su audiencia son casi todas
mujeres de 45 a 50 años. Yo creo que sale o visita a varias de ellas, dice el remissero.
El Señor B que viaja desparramado en el asiento de atrás abre los ojos y
sonríe, pero se sacude cuando escucha a una oyente que pide “Nunca
encontrarás otro amor como el mío”, por Lou Rawls. ¿Quièn habla?
Paula. ¿Dónde estás Paula? Voy sola en mi camioneta. ¿De dónde sos Paula? De
por allí… pero me conocen como La Chica del Molino. El señor B se sobresalta,
sus ojos comienzan a echar chispas, por un segundo se estremece. Como si
hubiera escuchado a la Chica Vampiro Ruralista hablando por radio. Deténgase un
minuto por favor…
Qué es lo que anima a una chica andando sola en la noche por el
campo con su camioneta, a llamar a un programa de radio de un pueblo de la
llanura pampeana para escuchar a Lou Rawls. Esta bien,Rawls es una leyenda de la música soul
norteamericana, que vendió 40 millones de discos, provisto de una voz carnosa
–como si hubiera comido costeletas todos los días a partir del año y al cabo de
toda si vida- y con un registro sedoso inigualable. Fue compañero de Sam
Cooke, interpretó góspel, R&B, Funk y Jazz. Su fama lo llevó a cantar desde
el himno antes de las peleas de Cassius Clay, a aparecer en Plaza Sèsamo, los
Simpson, South Park… en Living Las Vegas e incluso en la serie de nuestra
adolescencia Valle de Pasiones, con Bárbara Standwick . Y todo porque pegó con todo con su
canción soul para radios y discotecas “Nunca encontrarás otro amor como el
mío”. Dicen que ese éxito le abrió el camino a Donna Summer, The Bee Gees,
Gloria Gaynor … todo lo que bailaba el Señor B en su adolescencia los sábados a
la noche.
El remissero se echó a la ruta nuevamente. El Señor B no conduce
autos y prefiere usar el transporte público. Así sos libre de beber sin
moderación, explica siempre. Y allí va rumbo a su hotel en el Otro Pueblo,
luego de un mar de cervezas y un día de mucha perversidad febril.
Empezaron a “matar lobos” desde muy temprano. Venga urgente si
puede, decía el mensajito de texto de Inocencio Villanueva, a lo que el señor B
respondió con su presencia casi de manera instantánea. Se reunieron a almorzar
en el bar de siempre. El calor de locos los empujó a sacar una mesa afuera,
medio en la vereda medio en la cuneta, debajo los árboles. Compartieron una
fugazzeta hecha con una pre pizza del kiosco de la esquina, y un queso fabuloso
traído de la cremería ubicada dos kilómetros al oeste. Medio atragantado
Villanueva cuenta un rumor de saña y minuciosidad. Dicen que había un ciego que
parecía estar en trance. En medio de un humo rancio que freía la vista. Sentado
sobre un tronco de algarrobo sucuerpo parecía el de una escultura viviente del
día después. En realidad apenas respiraba atravesado por el miedo. Nadie sabe
como cayó a ese lugar, en el que las cenizas apenas cubrían las partes de un
caballo Picaso descuartizado. Llamativa como espeluznante, la escena resaltaba
el gris del polvillo con el brillo negro del pelaje del caballo. Ah, y dicen
también que habían escrito con rojo el listón blanco que atraviesa la cara del
caballo.
El señor B, que a veces pasa de su propia pasividad a una pulsión casi obsesiva, la pasión es lo único que te vincula a la verdad, arrastró a Inocencio Villanueva hasta el lugar en el que supuestamente la pesadilla se hizo real. Por supuesto que no había señales de chacales ni otro monstruo agropecuario. Bajo un sol que fomenta espejismos, 20 kilómetros adentro de alucinaciones y de la nada verde, lo único que pudieron descubrir una serie de huellas de camioneta que los condujo a través de un camino vecinal hasta un inmenso potrero. Allí terminaban las huella, o mejor dicho, las tragaban unos pastizales cuya monotonía apena era rota por la silueta de un molino gigante. Allí encendieron la moto y regresaron al bar, a las cervezas y planificar como continuarían la pesquisa.
El señor B, que a veces pasa de su propia pasividad a una pulsión casi obsesiva, la pasión es lo único que te vincula a la verdad, arrastró a Inocencio Villanueva hasta el lugar en el que supuestamente la pesadilla se hizo real. Por supuesto que no había señales de chacales ni otro monstruo agropecuario. Bajo un sol que fomenta espejismos, 20 kilómetros adentro de alucinaciones y de la nada verde, lo único que pudieron descubrir una serie de huellas de camioneta que los condujo a través de un camino vecinal hasta un inmenso potrero. Allí terminaban las huella, o mejor dicho, las tragaban unos pastizales cuya monotonía apena era rota por la silueta de un molino gigante. Allí encendieron la moto y regresaron al bar, a las cervezas y planificar como continuarían la pesquisa.
Me viene a la cabeza “Man out of Time, “Accidents will
happen”, “Allison”… Qué ganas de escuchar a Elvis Costello, piensa y desea en
silencio el Señor B mientras desciende del remisse. Abre la puerta de su habitación y por
intuición enciende la radio en la FM Local. Todavía se difunde el programa que
lo sorprendió en la ruta. Llama a la emisora y logra que lo pongan al aire. Me
encantarìa saber si la persona que sugirió el tema de Lou Rawls lo habría
bailado en alguna discoteca allá por los 70…
Hola, soy Paula… ¿La Chica del Molino otra vez? dice el locutor.
Sí, es para contestarle al señor que llamó recién... Sí, el caballero le
preguntó al aire cómo conoció, donde escuchó por primera vez, o si usted bailó
en las discotecas con el tema “Nunca encontrarás otro amor como el mío”…
No, jamás lo baile. Esa canción la conocí el otro día viendo La
Era del Hielo 3…
